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01/09/2020 0 Comments

Foco de atención interno para…¿optimizar el rendimiento?

[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=»Foco de atención interno para…¿optimizar el rendimiento?» font_container=»tag:p|font_size:30|text_align:left|color:%231e1e1e» google_fonts=»font_family:Open%20Sans%3A300%2C300italic%2Cregular%2Citalic%2C600%2C600italic%2C700%2C700italic%2C800%2C800italic|font_style:600%20bold%20italic%3A600%3Aitalic»][ultimate_spacer height=»30″ height_on_tabs=»15″ height_on_tabs_portrait=»15″ height_on_mob_landscape=»15″ height_on_mob=»15″][vc_column_text]

Dejando a un lado el aprendizaje y centrándonos en el aumento de rendimiento motor in situ, durante una sesión de entrenamiento o una competición, ¿qué tipo de foco de atención sería el más adecuado?

En base a los resultados arrojados por diversas investigaciones (ver aquí) podríamos decir que, seguramente, lograremos un mayor rendimiento cuando dirigimos la atención a los efectos de nuestros movimientos o contracciones musculares (“qué quiero conseguir”; foco externo) que cuando lo hacemos hacia las propiedades del movimientos de nuestras articulaciones o contracciones musculares (“cómo lo voy a conseguir”; foco interno). Además, podríamos aventurarnos a decir que las ventajas del foco externo aparecerán independientemente del tipo y dificultad de la tarea (ver aquí y aquí).

¿Y si resulta que no siempre así? Bueno, esto es algo que ya sabemos que puede ocurrir, existen estudios en los que los participantes no lograron un mayor rendimiento con un foco externo frente a un foco interno (ver aquí). Y si te digo que un reciente estudio ha mostrado que, en comparación con un foco externo, el rendimiento puede ser mayor empleando un foco interno? Pues sí, así ha sido. 

El objetivo de esta nueva investigación era la de comprobar los efectos que tienen diferentes focos atencionales sobre el rendimiento en un remoergómetro. Para ello, pidieron a los participantes que realizaran 2 pruebas de 6 minutos en esta máquina. En ambas ocasiones objetivo era el mismo: con una frecuencia de remada constante (entre 28-30 remadas por minuto), lograr una mayor potencia y recorrer una mayor distancia.

En una de las ocaciones se les daban instrucciones para que dirigieran el foco de atención hacia aspectos internos. Eran las siguientes: “foco en mover y ejercer fuerza con tus brazos”; “foco en mover y ejercer fuerza con tus piernas”; “presta atención a y escucha tu respiración”; “foco en tu técnica, en general”. Estas instrucciones iban variando en periodos de 30 segundos, de tal manera que, en función del momento de la prueba, los participantes dirigían la atención hacia un aspecto interno u otro. 

En otra ocasión se les daban instrucciones para que dirigieran el foco de atención hacia aspectos externos que podrían ser comparables en cierta manera a las instrucciones de foco interno. Eran las siguientes: “foco en mover y ejercer fuerza al mango”; “foco mover el asiento que tienes debajo”; “escucha los sonidos que vienen de la máquina”; “mantén movimientos fluidos del remo». De nuevo, estas instrucciones iban variando en periodos de 30 segundos.

Al finalizar las pruebas y comprobar los datos, los investigadores observaron que la distancia recorrida y la potencia alcanzada se fueron modificando en función del tipo de instrucción dada. En la condición de foco interno, ambas variables alcanzaron su mayor puntuación con la instrucción de aplicar fuerza con los brazos, seguida de aplicar fuerza con las piernas, de atender a la técnica y, por último, a la respiración. En la condición de foco externo, la potencia y la distancia alcanzaron su mayor puntuación con la instrucción de aplicar fuerza al mango, seguida de mover el asiento, de atender al ruido de la máquina y, por último, a movimientos fluidos.

Al comparar los resultados obtenidos en la pruebas realizadas con foco interno y con foco externo, se observó que tanto la distancia recorrida como la potencia resultante fueron mayores en la condición de foco interno que en la de foco externo; alcanzando ambas variables su mayor puntuación con la instrucción de aplicar fuerza con los brazos. Se comprobó que las instrucciones acerca de prestar atención a la aplicación de fuerza con los brazos y con las piernas, así como a la técnica resultaron en un mayor rendimiento que sus homólogas: aplicar fuerza al mango, mover el asiento y movimientos fluidos.

A la vista de estos resultados —y teniendo en cuenta estudios previos sobre la misma temática—podemos llegar a “la conclusión”: cuando vamos en la búsqueda de estrategias con la optimizar el rendimiento, difícilmente podemos encontrar una regla de oro que sea válida para toda la población y para todos los contextos. En muchas ocasiones, los entrenadores nos empeñamos en imponer un modo de proceder sin prestar atención a las características de la persona que entrenamos. Para lograr un objetivo tenemos en la mente una estrategia concreta y queremos que esta sea empleada, independientemente de quién tengamos delante. Habrá ocaciones en las que acertemos, pero puede ocurrir que mi estrategia no vaya en sintonía con las necesidades de esta persona y que, en consecuencia, el resultado no sea el óptimo (ver aquí y aquí). 

Anteriores estudios han mostrados que las personas nóveles en ocasiones optan por dirigir la atención hacia aspectos relacionados con sus propios movimiento, es decir, por un foco interno. Pero existen muchos tipos de focos internos de atención: podemos prestar atención a la colocación o coordinación de ciertas articulaciones, a contraer más ciertas musculaturas, a respirar con un patrón determinado, a la fuerza que ejercemos con una región corporal…En el caso de objetivos de rendimiento como los que se plantean en esta investigación una instrucción verbal podría maximizar el rendimiento en caso de reforzar el foco de atención que adopta de manera natural una persona (aquella que se utilizaría en caso de que no se dieran instrucciones) y, a su vez, sea relevante para lograr éxito en la tarea. En el caso de las instrucciones empleadas en este estudio pueden cumplir con estos propósitos. Por ejemplo, el hecho de “aplicar fuerza con los brazos” no solo hará que nos movamos más rápido (algo que quizá no ocurra, por ejemplo, si pensamos en la respiración), también es una estrategia bastante intuitiva y a la que es fácil que una persona sin experiencia recurra cuando tiene que maximizar su rendimiento en el remo. De esta manera, entendemos que en esta ocasión se lograron mejores resultados con las instrucciones que buscaban un foco interno porque estas estaban directamente relacionadas con el objetivo de la tarea y (posiblemente) no alteraron la atención natural de los sujetos estudiados.

En mi opinión, uno de los aspectos a tener en cuenta en este estudio es que todas las instrucciones utilizadas, independientemente de si derivaban en un foco interno o externo, trataban de guiar a los participantes hacia un mayor rendimiento mediante estrategias motoras concretas. Así, se les pedía que prestaran atención a cómo moverse o a cómo mover el remo, a la aplicación fuerza y al movimiento con o sobre unos elementos determinados, o a unos sonidos concretos; sin embargo, el objetivo final de la tarea era otro: lograr una mayor potencia y un mayor desplazamiento. Es decir, siempre se les pedía que prestaran atención al cómo lograr un mayor rendimiento y nunca al qué debían conseguir. ¿Qué hubiera ocurrido si se hubiera realizado otra serie en la que tuvieran que prestar atención hacia aspectos más relacionados con objetivos finales del ejercicio (ej. potencia lograda en W)? Habría que estudiarlo. Pero tomando como referencia investigaciones anteriores, en las que se comparó el éxito logrado con un foco interno o un foco externo con un objetivo claro de resultado (ej. trata de llegar lo más cerca del punto X vs instrucción técnica) (ver aquí, aquí y aquí) o cuando se recibe un feedback de resultado aumentando (ver aquí), podemos pensar que el rendimiento habría sido mayor empleando un foco externo o, al menos, que no habría superior con un foco interno. 

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