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05/04/2018 3 Comments

VELOCIDAD DE EJECUCIÓN EN ENTRENAMIENTO DE FUERZA; “CARGA”

La velocidad de contracción muscular y en consecuencia la velocidad a la que nos movemos o desplazamos una carga viene determinada por diferentes factores. Algunos, como la distribución de los diferentes tipos de fibras musculares, no podemos modificarlos, o al menos no a corto plazo. Sin embargo otros forman parte de las variables de entrenamiento que debemos manipular como entrenadores en función del objetivo que tengamos. Entre estos, podemos destacar; i) la intención a la que realizamos el movimiento o contracción, ii) la carga a desplazar, iii) el carácter del esfuerzo y iv) el tiempo de recuperación transcurrido entre los esfuerzos.

A continuación se analizará un poco mas a fondo el segundo de los factores comentados;  la carga de entrenamiento.

¿Cómo podemos conocer la magnitud relativa de la carga utilizada?

Debido a la gran propaganda que durante años se le ha dado en diferentes libros y artículos científicos—que sorprendentemente sigue dándose—la utilización de test de repetición máxima o test de 1 RM, como método para el conocimiento de la magnitud de la carga de entrenamiento, ha calado profundamente en el gremio de la preparación física. Pero ni su uso sistemático, ni las voces que lo propagan le dan validez. Estos son algunos de los inconvenientes de la utilización de este tipo de test:

Tiempo: Este test consiste en la realización de un ejercicio determinado con un aumento de carga progresiva,hasta alcanzar una carga con la que tan sólo se pueda realizar una sola repetición. Se requiere un tiempo considerable para realizar esta tarea, además si vamos a entrenar con diferentes ejercicios deberemos realizar dicho test en cada uno de los ejercicios, lo que requiere aún más tiempo. Tiempo del que la mayoría de personas no disponen.

Fluctuaciones diarias del 1RM : La capacidad para aplicar fuerza no es siempre la misma. En función de diferentes factores como el descanso, el estrés, la alimentación, etc., la carga máxima que podemos superar será mayor o menor que la que medimos el día del test de 1 RM. Por lo tanto, si programamos en función a este test, la carga con la que estemos trabajando cada día puede que no refleje el porcentaje con el que realmente queremos hacerlo.

Alto estrés: Independientemente del nivel de entrenamiento de la persona, realizar repeticiones con muy altas cargas supone un gran estrés para el sistema. Esto tiene varias consecuencias; i) se genera una fatiga que puede influir de manera negativa sobre el entrenamiento que se realice a continuación, ii) aumenta el tiempo necesario para recuperarse de la sesión, iii) puede generar adaptaciones no deseadas y iv) para personas que no están acostumbradas a levantar cargas altas, realizar un test de estas características supone un estrés demasiado alto, aumentando de esta manera la probabilidades de lesión a corto y largo plazo.

Imprecisión: A pesar de que, a nivel físico, podamos levantar una carga determinada, puede que si no estamos acostumbrados a levantar cargas máximas, no la podamos levantar debido a que la percibamos como demasiada pesada(ej. bloqueo psicológico). Así, la última carga que levantemos no será realmente la máxima real.

Además de los problemas que nos podemos encontrar con el test de 1 RM, entrenar con xRM (ej.8RM) como se ha hecho tradicionalmente, creyendo que con cada porcentaje podemos realizar un número de repeticiones determinadas (ej: con 80% puedo realizar 8 repeticiones) es totalmente impreciso. Recientes investigaciones han demostrado que el número de repeticiones que podemos realizar con cada porcentaje de nuestra carga máxima es altamente variable (tabla 1. González-Badillo JJ. y col. 2017).

A su vez, entrenar con el clásico xRM presenta otro tipo de problemas. Por un lado, implica que siempre se entrene al fallo muscular y ya se ha demostrado que este tipo de entrenamiento no es siempre el mas adecuado. Por otro lado, este método genera una gran fatiga lo que hace que, a pesar de que dejemos un largo periodo de recuperación entre series, no seamos capaces de realizar dos series con la misma carga absoluta y el mismo número de repeticiones (González-Badillo JJ. y col. 2017).

A pesar de todos esto problemas, siguen viéndose a día de hoy una gran cantidad de programas de entrenamiento en los que se describe la carga de entrenamiento como %RM o xRM. A fin de conocer realmente, y así describir, la carga con la que estamos entrenando, el único medio disponible es el control la velocidad de ejecución del movimiento. Si no conocemos la velocidad a la que ejecutamos un movimiento, no podemos conocer la magnitud que representa la carga que estamos utilizando, así de sencillo.

Diferentes estudios han demostrado que, para cada ejercicio, cada porcentaje de carga siempre tiene asociada una velocidad de movimiento determinada (tabla 2). De esta manera, siempre y cuando se desplace la carga a la máxima velocidad posible, conocer la velocidad de la primera repetición—o a veces la segunda—nos permitirá conocer la carga relativa que representa una carga absoluta determinada.

Si entrenamos con un ejercicio del que no se ha estudiado esta relación, tal y como indican González-Badillo JJ y colaboradores (2017) “la velocidad se puede estimar de manera aproximada si se conoce la velocidad de la RM”.

Algunos investigadores han observado que esta relación “se mantiene muy estable para la misma persona cuando se modifica su rendimiento, y es muy semejante entre las personas, incluso cuando su nivel de rendimiento es muy distinto” (Sánchez-Medina 2017). Pero, debido a que recientes investigaciones han mostrado que puede variar en función de la persona, y que factores como el género, la edad o el nivel de entrenamiento pueden hacer que la relación %RM-velocidad sea ligeramente diferente, lo ideal parece ser realizar una medición individualizada de dicha relación (Balsalobre-Fernández C y col. 2017; Fernandes J y col 2017; Torrejón A y col. 2018). Para ello, diferentes autores abogan—debido a su sencillez y validez— por el uso del modelo de “dos puntos”, y que consiste en la realización, y registro de la velocidad media, de dos repeticiones con cargas externas que representen en torno al 50 y 80% de la RM. Con estos datos, debido a que se ha observado que la relación carga-velocidad es muy lineal, es posible modelar la relación carga-velocidad individual (para mas información consultar García-Ramos y col. 2017).

A efectos prácticos este debate—sobre la necesidad de individualizar o no la relación carga-velocidad— quizá no tenga demasiado sentido. Es cierto que si tenemos tiempo y herramientas (, la realización de test como el de “dos puntos” nos permiten conocer al detalle la relación carga-velocidad de cada persona, o lo que es lo mismo, qué porcentaje representa la carga absoluta con la que estamos entrenando. Pero no nos podemos olvidar que esta relación velocidad-%RM solo se utiliza porque, debido a la herencia recibida, nos resulta mas cómodo trabajar con datos de %RM. Quizá es hora de otear nuevos horizontes, dejar de pensar en estos términos y empezar a programar en base a la velocidad de la primera repetición de la serie. Asimismo, como se tratará mas adelante, puede que no sea necesario ser tan preciso a la hora de programar la carga que debemos utilizar.

 

 ¿Cómo podemos medir la velocidad de ejecución?

Hace unos años el control de la velocidad de ejecución de un ejercicio estaba limitado por el precio del material necesario, por lo que únicamente podían permitírselo investigadores, aquellos que trabajan en alto rendimiento o algún valiente dispuesto a invertir en ese tipo de equipos.

Por suerte, en los últimos años han aparecido diferentes opciones que nos permiten, ajustando nuestro presupuesto a las necesidades reales de nuestros clientes, tener por un precio más asequible acceso a esta información.

Podemos dividir los dispositivos más habituales en cuatro grandes grupos más un quinto método que no necesita de materiales, aunque dentro de cada habrá modelos con características diferentes. En próximos artículos entraremos en más detalles de cada uno de ellos.

• Transductores lineales por cable: El dispositivo tiene un cable que se conecta al objeto del que queremos medir su velocidad de desplazamiento lineal (normalmente la barra). Para todos los modelos de este tipo la consideración más importante para que los datos sean fiables es que el dispositivo se coloque completamente debajo de la barra durante el ejercicio, para que el único desplazamiento sea en el plano que queremos medir. Dentro de los modelos más populares tenemos el T-Force (que se usa además como golden standard), el smartcoach, el muscle lab o el de chronojump (que es además el más económico). Cada encoder tiene su propio software, y según nuestras necesidades (y presupuesto) tenemos un amplio abanico donde elegir. Además de estos, queremos destacar un modelo nuevo en el mercado, el Speed4lifts que tiene como novedad el funcionar mediante bluetooth y tener software para smartphone (todos los anteriores tienen conexión por cable y software únicamente para ordenador).

 

• Transductores por infrarrojos: El dispositivo (en este caso una cámara de infrarrojos) mide la velocidad de desplazamiento de una “diana” situada sobre el objeto que queremos. La llegada de este dispositivo hace menos de 2 años supuso una revolución por la posibilidad de conseguir datos fiables sin necesidad de tener un cable conectado a nuestra barra, lo que además abré en un futuro un mundo de opciones para medir velocidades en diferentes contextos de forma sencilla. El mayor problema que presentan estos dispositivos es la necesidad de controlar los movimientos de la diana en el resto de planos que no se miden, es decir, evitar por ejemplo que la diana en su desplazamiento arriba-abajo durante una sentadilla se acerque o se aleje de la cámara, lo que haría que perdiera precisión. Para ello se recomienda colocarla en el “tapón” de la barra y situar la cámara en el lateral del deportista (en el caso de que no se use una máquina smith con guías)

 

 

• Dispositivos con acelerómetros y giroscopios: El dispositivo se coloca directamente sobre el objeto que vamos a medir y mediante el uso de sensores calcula la velocidad de desplazamiento. Los dos dispositivos más “populares” son PUSH   BAND y BEAST. Estos dispositivos se conectan por bluetooth con cualquier smartphone y si bien su fiabilidad a día hoy es bastante discutida pueden ser una gran opción en un futuro.

• Software de análisis de vídeo: Usando un dispositivo normalmente móvil (smartphone) se graba y se analiza el movimiento y su velocidad. La app más completa a día de hoy es PowerLift y si bien este método no nos permite conocer en tiempo real la velocidad, es una gran opción a un muy pequeño precio para comenzar a trabajar con nuestros deportistas.

• El quinto método sería la percepción subjetiva de nuestro cliente o deportista. Si le preguntas a una persona acostumbrada a entrenar seguramente sea capaz de decirte en que repetición habrá pasado esa pérdida de velocidad admisible dentro de la serie, por lo que tengamos o no otros materiales es una muy buena opción enseñarle a llegar a tener esa capacidad de percibir su grado de esfuerzo (además puede llegar a ser muy fiable: Bautista IJ y col. 2014)

 

¿Con qué carga debemos entrenar? o lo que es lo mismo, ¿a qué velocidad debemos entrenar? 

Ya hemos comentado que la única manera que tenemos de conocer el grado de esfuerzo que representa la primera repetición de la series es mediante la medición de la velocidad de ejecución. Pero el control de la velocidad no hace que un entrenamiento sea adecuado. Para ello es necesario que se entrene con la velocidad adecuada en cada caso.

Los mismos que antes comentábamos se han encargado—y lo siguen haciendo en muchos casos— de recomendar el %RM o en xRM para la cuantificación de la cargada entrenamiento, suelen afirmar también que para la mejora de la fuerza máxima frente a cargas altas es necesario la utilización de porcentajes que oscilan entre el 80-100% de RM o en su defecto, que se realicen un número de repeticiones pequeños de repeticiones máximas (ej. <6RM), lo que no deja de significar lo mismo; cargas altas o muy altas. Otras recomendaciones que se pueden encontrar en la literatura son la utilización de cargas ligeras como la única o mejor forma de mejorar la fuerza máxima en movimientos con cargas ligeras o sin carga externa al peso corporal, la necesidad de entrenar con cargas con las que se alcancen los máximos valores de potencia en el ejercicio que se entrena o la importancia de realizar un barrido por todo el espectro de la curva fuerza-velocidad. Mal que les pese, no hay una evidencia científica clara que corrobore tales asunciones.

Tradicionalmente se ha relacionado la selección de una carga u otra en función del objetivo que se tiene con el entrenamiento que se realiza. Y es cierto, no es lo mismo entrenar para mejorar un salto en un partido de basket, la 1RM en snatch o la marca en un maratón. El objetivo determina la variable carga. Y aunque también es cierto que las adaptaciones son, al menos en parte, específicas a la zona de la curva fuerza-velocidad en la que entrenemos, es necesario conocer que no existe una velocidad concreta para cada objetivo. La velocidad que debemos programar, para un mismo objetivo, dependerá de factores como el nivel de entrenamiento, el momento de la temporada, el estado o perfil individual y la fase de movimiento a mejorar. Dicho esto, aún controlando estos factores individuales, sigue sin existir una velocidad concreta a la que debemos entrenar, aunque es cierto que deberemos programar dentro de un rango de velocidades. Veamos algunos ejemplos.

Objetivo o necesidades de fuerza: De manera frecuente —y desacertada—suele asociarse el entrenamiento de fuerza a la utilización de cargas externas. Se imagina siempre la utilización de diferentes materiales; barras, kettlebells, mancuernas… normalmente que “pesan” mucho. Sin embargo, son varios los factores a tener en cuenta antes de decidir sobre la necesidad o no de utilizar algún tipo de carga externa. Además del nivel de entrenamiento o el perfil individual—que se comentarán mas adelante—es preciso prestar atención a cuál es el objetivo que tiene las personas que entrenamos. ¿Para qué entrenan?.

Por ejemplo, ¿necesitan jugadoras adolescentes de balonmano incluir ejercicios clásicos de fuerza, con carga externa, para la mejora de la fuerza máxima ante cargas de diferente magnitud y de manera concomitante su rendimiento? El prestigioso investigador y entrenador Martin Buchheit, junto con sus colaboradores, ha mostrado que no tienen porqué ser incluidos siempre. En el estudio que llevaron a cabo (Buchheit M. y col. 2017) mostraron que añadir “juegos reducidos” en forma de 4v4 (+2 porteros) al entrenamiento técnico y táctico tuvo un mayor efecto en el rendimiento físico que un trabajo de gimnasio que incluía ejercicios como la prensa de piernas (60-80%RM) y split squat (+30% peso corporal) saltos y sprints. Además, hay que tener en cuenta que el grupo que entrenó con carga externa no mejoró mas su 1RM y que, tal y como concluyen los autores, el entrenamiento con “juegos reducidos” es más atractivo para jugadores/as jóvenes y podría ayudar a mejorar habilidades y apreciación táctica en fatiga.

Además de esto, una revisión publicada en 2017 por Bas Van Hooren y colaboradores pone en duda que el entrenamiento con cargas externas sea siempre un método efectivo para la mejora de capacidad de aplicar fuerza a altas velocidades (ej. salto sin y con contramovimiento) y que para este objetivo, los programas que incluyan ejercicios con cargas externas no deberían de recomendarse de manera general. A pesar de ello, tal y como se puede observar en la revisión, en ciertos casos si que puede ser una buena estrategia. De esta manera, es necesario conocer las necesidades individuales de cada persona (ej. perfil fuerza-velocidad, preferencias, nivel…).

Cuando se decide introducir carga externa, bien porque el propio deporte lo exige (ej. halterofilia o powerlifting), bien porque consideramos que puede aportar algún tipo de beneficio (ej. plus de rendimiento, mayor tolerancia a carga de entrenamiento/competición, confianza…), antes de darle un valor hay tener en cuenta cuáles son las necesidades de fuerza de esas personas. ¿Entrenan para mejorar su 1RM, como en el caso de halterófilos, o entrenan para mejorar el rendimiento en un partido de fútbol?. Es obvio que no deben entrenar igual en muchos sentidos, en la carga que utilicen tampoco. La elección de las cargas concretas para cada caso es labor del entrenador y forma parte de eso que muchos consideran el “arte de entrenar”.

Otro de los factores que condicionan la carga que debemos seleccionar es la fase de movimiento que queremos mejorar. Un ejemplo de ello puede ser en la carrera, ¿entrenamos para mejorar la fase de aceleración o la fase de máxima velocidad? En sendas fases la velocidad de movimiento, y en consecuencia los valores de fuerza aplicada, son muy diferentes, por tanto la carga que debemos seleccionar varía en entrenamiento deberían serlo. Así, se recomienda que si se desea mejorar la fase de aceleración (ej. 30 primeros metros de un sprint), donde las fuerzas son altas y la velocidad baja, es preferible el uso de cargas mayores (>20% vs <10-20% peso corporal) que cuando lo que se quiere mejorar es la fase de máxima velocidad, donde las fuerza son menores y la velocidad mayor(Bachero-Mena B y González-Badillo JJ 2014; Petrakos G y col. 2015).

Nivel de entrenamiento: Hemos comentado que cuando objetivo es la mejora de la fuerza máxima ante cargas bajas no siempre es necesario entrenar con cargas externas y que, en el caso de que se decida introducirlas, no siempre tienen que ser altas. En el caso de personas tienen un pobre nivel de acondicionamiento físico o que no tienen mucha experiencia de entrenamiento, podemos extensible esta recomendación incluso cuando el objetivo es la mejora de la 1RM.

En algunos casos, se ha demostrado el entrenamiento con velocidades tan altas como aquellas que representan valores en torno al 50% de RM puede se igual de eficaz para la mejora de 1RM que otro con velocidades mas bajas y parecidas al propio test de RM (Csapo R y Alegre LM 2016; Alegre LM y col 2015). Estas magnitudes de carga son parecidas a las que Gonzalez-Badillo JJ y col (2017) recomiendan para la primera etapa de la vida deportiva en personas con altos requerimientos de fuerza, como halterófilos o lanzadores (tabla 3). Evidentemente, para seguir generando adaptaciones, a medida que aumenta el nivel de la persona es necesario que se vaya aumentando progresivamente la carga de entrenamiento. El máximo valor de carga con el que esa persona llegará a entrenar, vendrá determinado por los requerimientos de fuerza y/o por el propio criterio del entrenador.

 

 

Perfil individual: Diferentes estudios han mostrado que para la mejora de un gesto deportivo o de la vida cotidiana, normalmente realizados sin carga, son eficaces diferentes métodos: utilización de cargas altas, carga óptima de potencia, cargas medias, cargas bajas, ejercicios sin carga externa o la combinación de diferentes tipos de cargas. Es por ello que cuando nuestro objetivo de entrenamiento es la mejora movimientos como el salto vertical, se nos pueden venir a la cabeza diferentes preguntas como: ¿con qué cargas debo trabajar? ¿cargas altas, medias o bajas? ¿alterno los diferentes métodos?…La respuesta es la de siempre; Depende.

En los últimos años, investigadores franceses (Morin JB y Samozino P 2016) han desarrollado un modelo matemático a partir del cual podemos obtener nuestro perfil fuerza-velocidad(f-v) actual , que no es mas que el equilibrio individual entre la capacidad de aplicar fuerza a bajas velocidades—a lo que llaman “fuerza”— y fuerza a altas velocidades—que llaman “velocidad”—y el perfil óptimo en función de nuestras medidas antropométricas, peso y potencia máxima, que es aquel que representa un equilibrio entre la capacidad de “fuerza” y “velocidad” para los ejercicios utilizados, y que maximiza el rendimiento.

Conocer la diferencia entre el perfil actual y el óptimo individual—lo que se conoce como desequilibrio f-v—,nos permite determinar cuáles son los déficits de “fuerza” o “velocidad” (aunque para ser mas correctos tendríamos que hablar de déficit de fuerza ante cargas bajas o cargas altas en lugar que “déficit de velocidad”, debido a que su utilización está muy extendida, se seguirá usando el término “déficit de velocidad”) de esa persona y en base a esto, programar un entrenamiento individualizado.

Es así que, en personas que presenten un déficit de “fuerza”, se recomienda la utilización de cargas elevadas, es decir, aquellas que desplazamos velocidades bajas o moderadas. El rango de velocidades al que se recomienda entrenar es amplio (de la velocidad a la que desplacemos peso corporal a velocidades equivalentes al 90-95%RM) y en función de si presentan un alto (<60% del óptimo) o bajo déficit (60-90% del óptimo), se hará mayor hincapié en unas velocidades mas o menos altas. Tomando como ejemplo el protocolo utilizado por Jiménez-Reyes P y col. (2017), personas con alto déficit de “fuerza” entrenaron un 50% de los ejercicios utilizados con velocidades muy bajas (cargas de aproximadamente 80-95%RM) un 33% con velocidades moderadas-altas (cargas de 70-80% de RM o peso corporal) y un 17% con velocidades moderadas (peso corporal a 10-65% peso corporal o RM). Por su parte, personas con un bajo déficit de “fuerza” repartieron a partes iguales ejercicios con velocidades altas, moderadas-altas y moderadas. Como ya se indicó, es necesario considerar el nivel de entrenamiento de la persona y que para mejorar la fuerza en el extremo de la curva donde las velocidades son bajas no es necesario utilizar cargas muy altas.

En el caso de encontrarnos con un déficit de “velocidad”, las recomendaciones son bastante distintas, y debe primar el uso de cargas bajas que permitan grandes velocidades de contracción/movimiento. Para ello, a veces se recomienda entrenar con movimientos (ej. squat jump) con poca carga (30-60%) o con el propio peso corporal (sin carga externa). Sin embargo, en el caso de los saltos, la masa corporal parece ser una carga demasiado alta para conseguir mejoras en la aplicación de fuerza en el extremo de la curva donde las velocidades de movimiento/contracción son muy altas (Samozino P y col. 2017). Por tanto es interesante que el rango de velocidades que se utilice oscile entre velocidades que conseguimos con cargas inferiores al peso corporal (podemos conseguirlo con saltos horizontales sobre un patín o con la utilización de gomas) y aproximadamente el 65%RM. Siguiendo con el ejemplo de Jiménez-Reyes P y col. (2017), personas con alto déficit de “velocidad”

En el caso de que la persona no tenga déficit de ningún tipo y presente un equilibrio en el perfil f-v, se recomienda incluir ejercicios realizados a muy diferentes velocidades, realizando de esta forma un barrido en el espectro de la curva f-v.

Jimenez-Reyes y col (2016) demostraron la eficacia de este método de entrenamiento en base al perfil f-v. Observaron que el grupo de deportistas que entrenó con cargas individualizadas en función de sus déficits, mejoró significativamente más el salto vertical que un entrenamiento tradicional y común a todos los sujetos (sin tener en cuenta su perfil f-v). Demostrando que para optimizar el entrenamiento es necesario seleccionar las cargas en función de nuestro perfil individual y que la clave del éxito de nuestro programa de entrenamiento vuelve a ser la de siempre; individualización.

¿Cómo medir el perfil fuerza-velocidad?

El cálculo del perfil F-V podremos hacerlo fácilmente con una aplicación como MyJump2 o con una plataforma de salto y una hoja de excel con las fórmulas de Samozino (Ver artículo completo).

Para obtenerlo habrá que realizar una serie de entre 2 y 5 saltos (mientras más saltos más precisa será la medición) con diferentes cargas en un espectro adecuado (se recomienda con 0-20-40-60-80% del peso corporal para un nivel alto y con 0-10–20-40-60% del peso corporal para un nivel bajo). Si bien se puede hacer tanto con el CMJ como con el SJ, los autores recomiendan usar el CMJ en las mediciones (Jiménez-Reyes P. 2017)

Una vez realizados los saltos, la aplicación o nuestra hoja de excel nos dibujará una gráfica que supondrá nuestro perfil fuerza-velocidad, indicándonos también el perfil ideal y el desequilibrio con respecto a este, lo que nos marcará la orientación del trabajo que necesitará nuestro deportista (hacia la “fuerza” o hacia la “velocidad”). En la siguiente imagen podemos ver dos perfiles de dos deportistas diferentes, uno con déficit de velocidad y otro de fuerza obtenidos mediante la app MyJump2.

perfiles FV

Como se puede apreciar, siempre se habla de rangos de velocidades y no de una velocidad o porcentaje de carga concreto. Pensemos que las adaptaciones que producirán velocidades parecidas serán muy similares. Es por esto que quizá no sea tan importante conocer en detalle qué porcentaje de nuestro máximo representa la carga utilizada y que podemos estar tranquilos programando las velocidades dentro de un rango determinado, eso sí, siempre en función de los requerimientos individuales de cada persona.

Para aquellos que quieran profundizar mas en el tema recomiendo la lectura del siguiente libro; “La velocidad de ejecución como referencia para la programación, control y evaluación del entrenamiento de fuerza”  de Juan José González Badillo, Luis Sánchez Medina, Fernando Pareja Blanco y David Rodríguez Rosell.

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3 Comments

  • juanpgpg
    Responder Web Designer

    Buenas tardes,
    En primer lugar felicitaros por el gran post realizado. Me ha ayudado mucho en mi trabajo.
    Podrían especificar las referencias bibliográficas de estos artículos? Balsalobre-Fernández C y col. 2017; Fernandes J y col 2017; Torrejón A y col. 2018 Es decir, poner el nombre completo del artículo en cuestión, ya que estos autores tienen muchos artículos publicados en esos mismos años… Gracias

      Lolo García
      Responder Web Designer

      Buenas Juan. Muchas gracias por tu comentario. Los artículos por los que preguntas son los siguientes:

      Balsalobre-Fernández C y col. 2017: «Load–velocity profiling in the military press exercise: Effects of gender and training»

      Fernandez y col. 2017: «A comparison of load-velocity and load-power relationships between well-trained young and middle-aged males during three popular resistance exercises»

      Torrejón A y col. 2018: «The load-velocity profile differs more between men and women than between individuals with different strength levels»

      Un saludo!

  • Skatermanco
    Responder Web Designer

    Gran post !

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