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22/07/2019 0 Comments

Las múltiples caras del dolor de espalda

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Sabemos que cuando se trata de un dolor persistente de espalda difícilmente podemos hablar de un “mejor tratamiento”. La realidad multidimensional de esta dolencia lo impide. Para unos será mejor una cosa que para otros no lo es. Así, para hilar un poco más fino, tratamos en ocasiones de clasificar a estas personas en diferentes subgrupos que, en función de las características presentadas, recibirán un  tratamiento u otro. Pero, ¿en base a qué realizamos estos grupos? ¿realizamos una división unidimensional o atendemos a la complejidad que caracteriza al dolor? Pensemos que se trata de lo primero…¿no nos estamos perdiendo gran parte de la película? ¿no habrá otras variables en las que las personas de un mismo grupo difieran y por las que deban recibir un tratamiento diferente? Imaginemos que prestamos atención a todos los factores potencialmente contribuyentes al dolor… ¿qué probabilidades hay de que dos personas compartan las mismas características? ¿tiene realmente sentido hablar de grupos?

Recientemente se publicado un estudio en la revista Scandinavian Journal of Pain que muestra lo heterogéneas que son las características perceptivas y psicoemocionales de las personas que presentan dolor persistente de espalda y cuyos resultados nos ayudan a entender los inconvenientes de las clasificaciones de los pacientes en función de subgrupos.

En la investigación participaron 294 personas con dolor persistente de espalda —duración media de 120 meses, intensidad media de 5.8/10 y puntuación en el cuestionario de inhabilitación Rolland Morris de 9— a las que se les evaluaron las siguientes variables:

1. Sensibilidad al dolor: calculada mediante un test de umbral de dolor por presión en la zona lumbar y en las muñecas, así como por la puntuación obtenida en test de umbral de dolor por calor y frío en las mismas zonas corporales. Fueron divididos en tres grupos. En el primero se encontraban personas con alta sensibilidad a la temperatura y a la presión. En el segundo aquellas con alta sensibilidad únicamente ante la presión. Por último, en el tercer grupo se colocaron a los pacientes con baja sensibilidad a la temperatura y a la presión.

2. Aspectos psicológicos: se realizó una división por perfiles en función de los resultados obtenidos en diferentes test específicos para la medición de depresión, ansiedad, estrés, supresión de pensamientos, rumiación, magnificación, impotencia y autoeficacia. Fueron divididos en tres grupos. Grupo 1: baja puntuación en aspectos cognitivos (catastrofismo, supresión) y afectivos (depresión, ansiedad, estrés) y altos niveles de autoeficacia. Grupo 2: puntuación alta en autoeficacia y relativamente elevada en supresión y catastrofismo, en depresión, ansiedad y estrés por el contrario la puntuación era baja. Grupo 3: Alta puntuación en aspectos cognitivos y afectivos.

3. Respuestas dolorosas ante movimientos repetidos: Las personas fueron clasificadas en tres grupos bien diferenciados en función de las respuestas de dolor obtenidas tras la realización de 20 repeticiones de flexión de tronco y 20 repeticiones de extensión de tronco. Si no experimentaba un cambio en la percepción de dolor mayor o igual a dos puntos en ninguna de las direcciones de movimientos, se integraba a la persona en el primer grupo (grupo 0). Si esta experimentaba un cambio de esta magnitud, pero solo en una de las direcciones, pasaba a formar parte del grupo 1. Por último, el tercer grupo (grupo 2) estaba formado por personas que mostraban un aumento en la percepción de dolor mayor o igual a dos puntos en ambas direcciones.

Una vez evaluadas estas tres dimensiones, la persona obtenía 3 valores numéricos representativos de los grupos a los que pertenecía en cada una de ellas. Por ejemplo, 221. Esto es;  alta sensibilidad ante la presión (2), puntuación alta en autoeficacia y relativamente elevada en supresión y catastrofismo, y puntuación baja en depresión, ansiedad y estrés (2) e incremento unidireccional del dolor (1). De esta manera, las personas fueron clasificadas en diferentes subgrupos en función de estos valores.

En la siguente figura puede apreciarse que, de las 27 posibles, se dieron 26 combinaciones. El patrón más habitual (16%) fue 220: alta sensibilidad ante la presión (2), puntuación alta en autoeficacia y relativamente elevada en supresión y catastrofismo, y puntuación baja en depresión, ansiedad y estrés (2) y sin cambios en la percepción de dolor mayor o igual a dos puntos en ninguna de las direcciones de movimientos (0). El único patrón que no se observó fue 312 (3: baja sensibilidad a la temperatura y a la presión, 1: baja puntuación en aspectos cognitivos y afectivos, y altos niveles de autoeficacia, y 2: incremento bidireccional del dolor).

En cuanto a los perfiles, en los extremos se encontraba los patrones 310 (3: baja sensibilidad a la temperatura y a la presión, 1: baja puntuación en aspectos cognitivos y afectivos, y altos niveles de autoeficacia, y 0: sin cambios en la percepción de dolor mayor o igual a dos puntos en ninguna de las direcciones de movimientos) y 132  (1:alta sensibilidad a la temperatura y a la presión, 3: alta puntuación en aspectos cognitivos y afectivos, y 2: incremento bidireccional del dolor)  que representaba a un 3.4 y 2.7% de las personas, respectivamente. El resto de patrones contuvieron una representación del 0.3 al 13.6% de la muestra.

Atendiendo a los resultados obtenidos por este estudio, podemos concluir que el cuadro clínico de una persona que presenta un dolor persistente de espalda puede ser muy diverso. Asimismo, puede apreciarse que la agrupación unidimensional de los pacientes no nos permite la comprensión completa del problema que se nos presenta y, en consecuencia, tampoco un manejo adecuado del mismo. Por último, los datos nos indican que no podemos asumir como valido una estimación en los valores de una variable a partir de los obtenidos en otra distinta (por ejemplo, una persona con alta puntuación en cuestionarios psicológicos no tiene por qué presentar una alta sensibilidad) y que, por tanto, debemos valorar y atender a las características y necesidades de cada individuo para cada uno de los múltiples factores que pueden influir sobre su dolor.

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