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16/10/2019 0 Comments

La reducción del uso de aparatos electrónicos se asocia con una mejora del sueño y de la vigilancia durante el día

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Nadie es ajeno a que en los últimos años el uso de aparatos electrónicos se ha extendido considerablemente, sobre todo a raíz de la irrupción de los móviles inteligentes y las tabletas. Su multifuncionalidad los convierte en artilugios tremendamente útiles, pero también favorecen el uso excesivo de los mismos. Si no nos encontramos leyendo un blog, estamos jugando al último juego o consultando alguna red social. Y así, sin darnos ni cuenta, las horas van pasando.

Este atracón tecnológico repetido en el tiempo tiene nombre; adicción tecnológica y se asocia a diversos problemas sociales y de salud. Por ejemplo, ya sabemos que puede afectar a la cantidad y calidad del sueño. Nos vamos tarde a la cama, tardamos más en conciliar el sueño y dormimos menos, con todo lo que ello conlleva.

En anteriores entradas ya vimos que dejando el móvil fuera de la habitación y eliminando el uso de tablet en horas cercanas a la de dormir no solo podemos mejorarla cantidad y calidad de sueño, también aumentar nuestra felicidad y calidad de vida. Aun así, debido a lo extendido que está este problema, queremos mostraros los resultados de un nuevo estudio que debería hacernos reflexionar un poco sobre este tema. 

Teniendo en cuenta el gran uso que le dan los niños y adolescentes a los aparatos electrónicos en horas cercanas a la de dormir, los investigadores plantearon 2 objetivos; por un lado, confirmar la relación entre el uso de pantallas por la tarde-noche y las características del sueño, por otro, comprobar si la reducción de estos aparatos a partir de las 9 de la tarde mejora los parámetros de sueño y la función cognitiva durante el día. 

El experimento se dividió en 2 fases bien diferenciadas, ambas de 2 semanas de duración. En la primera fase se limitaron a evaluar, mediante el uso de actigrafría y diarios, los hábitos de sueño y uso de aparatos electrónicos de cientos de niños y adolescentes. En la segunda fase también se realizaron estas mediciones, pero en esta ocasión se les pidió que limitaran el uso de aparatos electrónicos a partir de las 9 de la tarde. Además de esto, antes y después de la primera fase, así como al finalizar la segunda, se les midieron los niveles de melatonina mediante una muestra de saliva (tomada por los propios niños en la hora de irse a la cama). Por último, al finalizar casa fase se les evaluó el rendimiento en una prueba de vigilancia y atención. 

Resultados de la fase 1

El tiempo medio delante de las pantallas tras las 9 de la tarde fue de 79 ± 3 minutos. Aunque la duración varió en función de la edad, siendo los más mayores los que empleaban más tiempo. 

En cuanto a la duración del sueño, esta varió en función de la edad y del momento de la semana que se encontraran. En los días de colegio la duración media fue de aproximadamente 7 horas y media, y eran los mayores los que se acostaban más tarde y dormían menos. Por el contrario, eran estos mismos, para pagar la deuda de sueño, los que más dormían durante el fin de semana (aproximadamente 8 horas y 40 minutos). 

Se encontró una correlación negativa entre el tiempo total que pasaban frente a las pantallas a partir de las 9 de la tarde y la duración de sueño. Sin embargo, esta relación no apareció con actividades realizadas sin pantallas.

También se encontró una correlación entre el uso de pantallas a partir de las 9 de la tarde (y no otras actividades sin pantallas) con la hora a la que se acostaban y los perfiles de melatonina, lo que muestra que los aparatos electrónicos tiene un impacto sobre la regulación circadiana del sueño. A su vez, el uso de estos aparatos se asoció con un mayor estrés psicológico, un aumento en la fatiga durante el día y un mayor IMC. Por último, la duración de sueño se relacionó con la fatiga experimentada durante el día y con el estado anímico, pero no con estrés psicológico ni con el rendimiento académico. 

Resultados de la fase 2

El tiempo que emplearon aparatos electrónicos a partir de las 9 de la tarde en los días entre semana se redujo en un 71,3% (de 80 a 22 minutos), un efecto que se observó en todas las edades pero que fue más pronunciado en aquellos con mayor edad. Por el contrario, aumentó el tiempo dedicado a la lectura (de 5 a 14 minutos). 

El tiempo que le quitaron a estos aparatos durante la semana no se recuperó durante el fin de semana, al revés, también los utilizaron menos los días que no tenían colegio (de 120 a 102 minutos) a pesar de que no se les pidió. 

Se observó que los niños y adolescentes se iban antes a la cama (de 23:28 a 23:07) y,  consecuentemente, aumentaron la duración del sueño (de 7h30min a 7h50min) Este aumento se observó en adolescentes de 14 a 19 años. Existió una negativa correlación entre la hora de acostarse y la duración de sueño, algo que era de esperar ya que se levantaban siempre a la misma hora para ir a clase. 

En esta fase los participantes presentaron menor efecto rebote, ya que las diferentes de sueño entre los días con clase y el fin de semana se redujeron (de 1h08min a 49 min). 

No se observaron cambios en los perfiles de melatonina (aunque solo tenían muestras fiables de 13 participantes). 

Tras la fase 2, los niños tuvieron un mejor rendimiento en la prueba de atención, mostrando un mejor tiempo de reacción. Además, al finalizar esta fase mostraron menor fatiga durante el día. 

¿Entonces qué? ¿reducimos el uso de aparatos electrónicos?

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