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13/05/2020 0 Comments

Inmersión en agua caliente y tasa de síntesis de proteínas

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La hidroterapia es una estrategia de recuperación muy popular. Son muchos los entrenadores y deportistas que optan por la inmersión en agua fría a fin de reducir la reducción de rendimiento y el aumento en las molestias musculares provocadas por la realización de un ejercicio intenso. En entradas previas de nuestro blog se mostró que la ciencia apoya, en cierta manera, esta práctica: el frío puede favorecer la recuperación postesfuerzo, aunque no siempre es así (ver aquí). 

No obstante, no podemos quedarnos solamente con estos datos. Ya sabemos que, en función del momento y del objetivo que se persiga en cada caso, reducir la temperatura corporal después de realizar ejercicio físico puede ser contraproducente. ¿Por qué? Porque ya se ha demostrado que disminuye el transporte y/o la incorporación de aminoácidos ingeridos en forma de proteína y la tasa de síntesis proteica postpandrial durante las 5 horas de recuperación posteriores a la realización de un entrenamiento (ver aquí) y que reduce las ganancias de masa muscular y de aplicación de fuerza tras un programa de entrenamiento de varias semanas (ver aquí y aquí). 

Teniendo en cuenta los resultados de estas investigaciones, algunos han propuesto que la aplicación de calor podría ser una terapia alternativa más adecuada para acelerar la recuperación y sin los efectos negativos que tiene la crioterapia. Ciertamente, ya se ha demostrado que puede acelerar la recuperación de algunos aspectos funcionales, que tiende a reducir las molestias musculares (ver aquí y aquí)  y que su aplicación regular puede provocar cambios positivos en la morfología y función muscular (ver aquí). Asimismo, otros han mostrado un aumento en la señalización anabólica. 

Recientemente han sido publicado en la Journal of Applied Physiology los resultados de una investigación con la que se trataba de arrojar algo más de luz con respecto al efecto anabólico de la terapia de calor. ¿Favorece la aplicación de calor un aumento en la síntesis de proteínas después de entrenamiento y de la ingesta de proteínas? Veamos…

Después de realizar un entrenamiento de fuerza a una intensidad relativamente alta (80% RM), los participantes recuperaron una pierna con agua caliente (46ºC) durante 20 minutos, mientras que la pierna contralateral estuvo inmersa durante este período de tiempo en agua termoneutra (30ºC). Al finalizar la hidroterapia —y  tras realizarles biopsias musculares del vasto lateral y una extracción de sangre para su posterior análisis— se les proporcionó una bebida con 20g de proteína y 45g de carbohidratos. Además de medir la temperatura de las piernas, en diferentes momentos les realizaron biopsias musculares del vasto lateral y extracciones de sangre para su posterior análisis. 

El tratamiento de calor produjo un aumento de 10ºC y de 2.3ºC en la temperatura de la piel y del músculo, respectivamente. Las diferencias de temperatura fueron estadísticamente significativas y fueron igualándose progresivamente hasta ser similares a las 2 horas después (extrapolando los datos de otras investigaciones, esto ocurriría a los 30 minutos después del ejercicio). No obstante, a pesar de estos cambios térmicos, no se encontraron diferencias entre piernas ni en la tasa de síntesis de proteína miofibrilar ni en la incorporación de aminoácidos en el tejido muscular durante las 5 horas posteriores a la realización del ejercicio. 

En cuanto a la activación de proteínas clave en el proceso de síntesis de proteína, se observaron diferencias significativas en la fosforilación de p70S6K (THr-389). Al finalizar la hidroterapia, esta fue significativamente menor en la pierna que aumentó su temperatura que la otra. A las 2 horas en la pierna tratada con calor se observó un aumento en este valor, siendo en este momento mayor que en la pierna control. A las 5 horas la fosforilación se redujo en ambas piernas, manteniéndose las últimas diferencias comentadas. En el resto de marcadores moleculares relacionados no se encontraron diferencias entre piernas (mTOR (Ser-2448); p70S6K (Thr-421/Ser-424); rpS6 (Ser-240/244 y Ser-235-236); 4E-BP1 (Thr-37/46)). Tampoco hubo diferencias en el contenido de las proteínas de choque térmico HSP27 y HSP70. 

Visto lo visto, parece que la inmersión en agua caliente “no aumenta la tasa de síntesis de proteínas miofibrilares posprandial ni aumenta la capacidad del músculo para usar aminoácidos para la acumulación de proteínas miofibrilares”. Dicho esto, es importante destacar también que, al contrario que lo que se ha encontrado con crioterapia, no reduce estos valores con respecto a una situación control. 

Los autores de este estudio concluyen que el empleo de terapia de calor “después del ejercicio, como se aplica a menudo en la práctica, no parece mejorar la respuesta adaptativa del músculo esquelético al entrenamiento físico y, por lo tanto, es poco probable que mejore el acondicionamiento del mismo”. Esto está en consonancia con los hallazgo un estudio previo que mostró que la aplicación de calor después de entrenar no favorece las adaptaciones estructurales y funcionales que se consiguen después de un programa de entrenamiento. 

Sin embargo, estos resultados no van en la línea de otras investigaciones en las que se mostró que la aplicación de calor —tras la realización de ejercicio de baja intensidad (ver aquí) o sin la realización de ejercicio (ver aquí)—favorece una mayor ganancia de masa muscular y fuerza. Por tanto, antes de sacar conclusiones definitivas quedamos a la espera de más estudios que muestren qué efectos tiene el calor tras la realización de ejercicio con otras características (ej. menor intensidad) o utilizando metodologías (ej. calor local, mayor temperatura/duración…). 

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