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10/06/2019 0 Comments

Efectos inmediatos de la educación en el dolor

Ya conocemos que la educación en neurociencia del dolor es una estrategia eficaz para la reducción de creencias de miedo-evitación y de ideas catastrofistas, de pensamientos negativos en general. Y puesto que se ha encontrado una asociación entre estos y un mayor riesgo de persistencia del dolor, es lógico pensar que las intervenciones educativas pueden aportar beneficios a personas que sufren un dolor con un inicio reciente. Si educo, consigo reducir pensamientos negativos, y si consigo esto último, las probabilidades de que el dolor persista disminuyen.

Siguiendo esta lógica, investigadores de los Estados Unidos llevaron a cabo un estudio con el que pretendían conocer si la educación en el dolor provocaba cambios inmediatos en la intensidad del dolor, en el movimiento y en la percepción de mejora en 80 personas que presentaban un dolor de espalda agudo (menor de 3 meses), con o sin dolor de pierna, sin la presencia de banderas rojas y, en su mayoría, con alto riesgo de que el dolor persistiera. 

Cada persona recibió una sesión educativa individual y de una duración de 15 minutos. En ella se les presentaba el dolor como un mecanismo más de alarma que tiene el organismo y se les informaba de cómo la educación y el movimiento pueden disminuir la sensibilidad de este sistemas de alarma. Todo ello mediante el uso de imágenes, dibujos y metáforas que facilitaban la compresión del contenido que se trató. 

Antes y justo al finalizar la sesión educativa los participantes contestaron a diferentes cuestiones y realizaron diferentes test. Veamos qué ocurrió….

La diferencia media pre-post en el dolor de espalda, medido con una escala numérica de 0 a 10 puntos, fue de 0.79 ± 1.5 (p < 0.001). El dolor se redujo, pero hay que tener en cuenta que este cambio, si bien es significativo a nivel estadístico, no alcanzó el valor suficiente para considerarse un cambio clínico importante (para ello se ha establecido un cambio mínimo de 2 puntos en esta escala). Algo similar ocurrió con el dolor de pierna. Se observó un cambio medio de 0.56 ± 1.3 (p < 0.001). Significativo pero sin alcanzar ese cambio de 2 puntos. 

Con respecto a la capacidad funcional, se observó una mejora significativa en el test de flexión de tronco (distancia desde el dedo más largo al suelo) y en el test de elevación de pierna rígida (Straight leg raise). La diferencia media pre-post fue de 4.7 cm ± 9.2 (p < 0.001) en el primero y de  2.5° ± 7.0° (p = 0.002). En el caso del test de flexión sí que se consiguió un cambio superior al “cambio mínimo detectable”, que está establecido en 4.5 cm. Esto no ocurrió en el test de elevación de la pierna, donde no se alcanzó un cambio de 5.7º, considerado como el cambio mínimo detectable. 

Los participantes también evaluaron en una escala el cambio global percibido ( “Global Rating of Change Scale”: GROC. Una escala de 15 puntos donde -7 indica mucho peor que antes, 0 igual que antes y +7 mucho mejor que antes). Aquí, a pesar de que muchos (57.5%) consideraban que se encontraban un poco mejor o mejor (ej. +1), solo 4 reportaron una puntuación de +4 o mayor, lo que indica un cambio moderado (para considerarse un gran cambio la puntuación debe ser +6 o +7). En esta escala se considera un cambio mínimo detectable a partir de 3 puntos, algo que solo se alcanzó en un 20% de los casos. 

Para evaluar si la intervención había sido exitosa con cada persona, esta debía de cumplir con, al menos, 2 de los siguientes 3 requisitos: 1) cumplir o superar el cambio mínimo detectable o clínico en la intensidad de dolor lumbar o dolor de pierna, 2) cumplir o superar el cambio mínimo detectable en los test de capacidad funcional (flexión de tronco y straight leg raise) y 3) cumplir o superar el cambio mínimo detectable para GROC (+3). Siguiendo este criterio, el tratamiento se consideró exitoso en 22 personas, lo que representa un 27.5% de la muestra. 

Estos resultados muestran que tras 15 minutos de sesión educativa puede observarse una disminución en la intensidad del dolor, así como un aumento en la función y en la percepción de recuperación en personas con dolor de espalda agudo. Es cierto que los cambios no fueron muy relevantes a nivel clínico, pero es importante considerar que el tratamiento tuvo éxito en más de un cuarto de los participantes del estudio, lo que según los autores “cuestiona que la educación en el dolor sea solo para personas con dolor crónico”. A su vez, es necesario tener en cuenta la poca duración de las sesiones educativas, evaluación tan inmediata que se realizó y que no se realizará ningún otro tipo de tratamiento complementario (ej. ejercicio, terapia manual…). 

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