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12/11/2018 0 Comments

¿Deben los niños “hacer pesas”?

La gran pregunta. Se repite una y otra vez en conversaciones entre entrenadores, entre padres, entre entrenadores y padres, entre médicos y padres…Una de las preocupaciones suele ser que puede que no sea seguro, que se pueden lesionar. Pero, ¿qué hay de cierto en esto?

Recientemente se ha publicado en la revista “Plos One” un estudio que trata de dar respuesta, al menos en parte, a esta pregunta. 

Los investigadores, liderados por Kengo Shimozaki, realizaron seguimiento de 3 años a 12 niños y adolescentes (6 chicos y 6 chicas) que practicaban halterofilia, con al menos 2 años de experiencia en competición, y con una edad media al inicio del estudio de 11.4 ± 2.0 años y. Ninguno presentaba historial de enfermedades o cirugías lumbares, enfermedades metabólicas o autoinmunes. En este periodo de tiempo, durante el que entrenaron unas 2 horas al día una media de 5 días a la semana (lo que hacía un total de 500 horas al año), se realizaron varias resonancias magnéticas y cuestionarios médicos como parte de la evaluación sanitaria realizada en la temporada. 

El objetivo era comprobar si la práctica de este deporte, que consiste básicamente en levantar pesas, provoca dolor y/o daño en la columna lumbar a largo plazo. 

El dolor lumbar fue definido como tal cuando les impedía practicar halterofilia durante más de una semana. Para evaluar el daño en la columna, los datos de la resonancia magnética fueron interpretados en un par de ocasiones por dos cirujanos ortopédicos. Estos se encargaron de localizar la presencia de espodilolisis, protusión o extrusión discal, degeneración de discos en todos los niveles de la zona lumbar (L1-S1) tanto en el plano sagital como coronal. A su vez, utilizaron la clasificación Pfirrmann para evaluar el grado de las degeraciones discales encontradas. 

En 2014, al inicio del estudio, ninguno de los niños tenía dolor lumbar, espondilosis ni protusión o extrusión discal, y solo 2 de ellos presentaban degeneración en los discos intervertebrales (grado II). El segundo año, aunque solo 1 tenía dolor lumbar, las resonancias magnéticas mostraron resultados anormales en la zona lumbar de 8 de los 12 de los participantes. 1 de ellos presentaba espondilolisis y 8 degeneración de discos (grado II y grado III). En la última valoración, ya en 2016, 11 de los 12 presentaron alguna anormalidad en la columna. De estos, 4 presentaban espondilolisis, 2 protusión y 9 degeneración discal (grado II y grado III). En esta fecha, 3 niños tenían dolor en la zona lumbar, de los cuales 2 tenían espondilolisis o protusión y 1 solo degeneración discal. 

Este estudio muestra como después de 3 años de entrenamiento, niños y adolescentes que practican halterofilia de competición presentan en el 91.7% (11/12) de los casos alguna anormalidad en las pruebas de imagen obtenidas con resonancia magnética. A pesar de eso, el 75% (9/12) no presentaba dolor lumbar. Así, vuelve a demostrarse que el estado de las diferentes estructuras no tiene una relación directa con el dolor. Pueden diagnosticarse ciertas alteraciones en la columna como la espodilolisis o protusiones discales y que la persona no manifieste dolor alguno, y puede que se manifieste dolor y no existan tales alteraciones. 

Estos resultados no deberían sorprendernos. Ya en 1994, Maureen Jensen y sus colegas publicaron un artículo en la prestigiosa revista “The New England Journal of Medicine” en el que se demostraba que el 64% de las personas de entre 20 y 80 años que evaluaron, todas asintomáticas, presentaban alguna anormalidad en algún disco intervertebral y que este porcentaje era mayor cuanto mayor era la edad y en personas deportistas. Por tanto, la presencia de ciertos daños en la espalda quizá no sea más que el precio que tenemos que pagar por cumplir años. Pago doble cuando decidimos, como hicieron estos niños en su momento, realizar ciertos deportes donde se somete al cuerpo a un gran estrés. La pregunta es, si es consecuencia del uso y no se relaciona con el dolor ¿tiene sentido condenar a una persona a no realizar las actividades que le gustan por miedo a que aparezcan ciertas “anormalidades”? ¿no somos, en muchas ocasiones, demasiado alarmistas?

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