LOGO FIDIAS NARANJA Y NEGRO 2021
26/06/2020 0 Comments

Exposición a espacios verdes para la reducción el dolor

[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=»Exposición a espacios verdes para la reducción el dolor» font_container=»tag:p|font_size:30|text_align:left|color:%231e1e1e» google_fonts=»font_family:Open%20Sans%3A300%2C300italic%2Cregular%2Citalic%2C600%2C600italic%2C700%2C700italic%2C800%2C800italic|font_style:600%20bold%20italic%3A600%3Aitalic»][ultimate_spacer height=»30″ height_on_tabs=»15″ height_on_tabs_portrait=»15″ height_on_mob_landscape=»15″ height_on_mob=»15″][vc_column_text]

La naturaleza compleja del dolor hace posible que existan múltiples formas de abordarlo. Las personas y sus circunstancias son diferentes entre ellas, pero esto no implica, por supuesto, que no podamos hacer ciertas recomendaciones generales que favorezcan un buen estado de salud. Sobre todo, cuando estos consejos tienen pocas probabilidades de generar un efecto negativo. 

Entre estas recomendaciones es habitual encontrar el aumento de la actividad física, la educación en el dolor, la práctica de ejercicio físico supervisado y el cuidado del sueño y la alimentación. Hoy, aprovechando la publicación de una revisión sobre el tema, me gustaría visualizar otro aspecto que considero necesario tener en cuenta siempre, pero que en personas con algún tipo de dolor o patología es más importante sin cabe: pasar tiempo en espacios verdes.

Uno de los motivos por los que es interesante que una persona con dolor adquiera este hábito es muy intutitivo. Y es que a muchas personas, el visualizar los paisajes y escuchar los sonidos que nos ofrece la naturaleza nos produce sensación de bienestar. En esta línea, algunos estudios han mostrado que exponerte a las vistas y sonidos de la naturaleza —ya sea de manera presencial o virtual— favorece un mejor descanso, así como una reducción del estrés y del dolor. 

Otra de las causa por las que frecuentar espacios verdes puede ayudarnos a reducir el dolor es la exposición al microbioma ambiental. Es cierto que la influencia de este sobre el microbioma intestinal de los humanos no se conoce del todo, pero sí que se ha demostrado que ocurre en modelos animales. Además, estudios con humanos han mostrado que el contacto con microbioma ambiental modifica el microbioma nasal y cutáneo. Esto es de interés de cara a personas que sufren dolor por varios motivos, aquí algunos: ya se ha documentado que existe una asociación entre el microbioma humano y varias condiciones de dolor persistente; la modificación del microbioma — con probióticos, por ejemplo— favorece la reducción de dolor; las características del microbioma influyen sobre aspectos que guardan relación con el dolor, como la salud mental y, posiblemente, el sueño; hay cierta evidencia de que es necesaria una adecuada diversidad del microbioma intestinal para que pueda extinguirse el miedo aprendido. Con todo esto en mente, no podemos obviar que la influencia del microbioma ambiental y el dolor no se ha investigado aún. Todo apunta a que existe una relación, pero a día de hoy es más una hipótesis que una evidencia. 

A su vez, el aire de los espacios verdes y las áreas cercanas está impregnado de fitoncidas, esto es: compuestos orgánicas con propiedades antimicrobianas que son emitidos como mecanismo de defensa por las plantas. Algunos estudios han mostrado que adentrarse en un bosque —en parte por la exposición a fintocidas— mejora el sueño y reduce valores relacionados con la ansiedad, la depresión, la confusión y la fatiga. Además, se piensa que estos compuestos podrían tener una influencia positiva sobre el dolor a través de posibles cambios generados a nivel del microbioma y del sistema inmune. Por ejemplo, se ha demostrado que caminar por un bosque (en presencia de fintocidas) mejora la función de las células natural killer, algo que no ocurre cuando las personas caminan por la ciudad. A día de hoy no se ha investigado la relación entre dolor y fitoncidas en humanos; no obstante, se ha demostrado que en ratones tiene un efecto analgésico. 

Debemos conocer que el aire “verde” (ej. bosques, montañas, lugares con agua…) también presenta un mayor número de iones negativos que el aire urbano. Estos iones, generados por las plantas y otros mecanismos ambientales como las fuerzas de roce del agua o la luz solar, generan ciertos efectos que podrían afectar a la percepción de dolor (aunque la evidencia de si esto ocurre o no es bastante limitada). Entre ellos: mejora de la salud mental, activación de células natural killer, regulación de la dopamina, y reducción de nucleótidos cíclicos y microbios. 

No podemos olvidarnos de que —en función siempre de algunas variables como el tiempo, la localización geográfica o la hora del día— estar en espacios verdes es exponerse a la luz solar. ¿Y por qué es esto importante? En primer lugar, para aumentar los valores de la famosa vitamina D. Diferentes investigaciones encontraron una asociación entre los niveles de esta vitamina y diversos tipos de dolor. Asimismo la suplementación con vitamina D parece que puede favorecer la reducción de inflamación y dolor (aunque es cierto que algunos no encontraron que sus efectos fueran mayores que el placebo) y mejorar tanto el sueño como los síntomas de depresión. Además de esto, la exposición a la luz solar también puede tener un efecto sobre el dolor mediante la liberación de betaendorfinas, melatonina o algunos vasodilatadores (ej. oxido nítrico), así como mediante cambios en la microbiota. 

A todo lo mencionado hay que sumar dos variables que si bien no están directamente relacionadas con la exposición a espacios verdes, estos pueden favorecer su aparición. Se trata de la integración social y la actividad física; ambos de gran importancia en el manejo del dolor. 

El hecho de estar al aire libre en espacios naturales se ha identificado como un facilitador de integración, cohesión y apoyo social. En este sentido, bajos niveles en estos factores sociales se asocia a mayores niveles de inflamación, sueño deficiente, mala salud mental, mayor percepción de dolor y mayor riesgo de sufrir dolor persistente. 

Por último, los espacios verdes parecen facilitar la realización de actividad física, algo que ya sabemos que reduce la probabilidades de sufrir dolor y que facilita la mejora del cuadro clínico de una persona que ya sufre dolor. Los efectos de la actividad física en este sentido son múltiples: reduce estrés e inflamación, mejora el sueño y la salud mental, mejora el estado de nuestras musculaturas…

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][ultimate_spacer height=»20″ height_on_tabs=»10″ height_on_tabs_portrait=»10″ height_on_mob_landscape=»10″ height_on_mob=»10″][vc_custom_heading text=»CURSOS RELACIONADOS» font_container=»tag:p|font_size:22|text_align:left|color:%23d36200″ google_fonts=»font_family:Open%20Sans%3A300%2C300italic%2Cregular%2Citalic%2C600%2C600italic%2C700%2C700italic%2C800%2C800italic|font_style:600%20bold%20italic%3A600%3Aitalic»][ultimate_spacer height=»20″ height_on_tabs=»10″ height_on_tabs_portrait=»10″ height_on_mob_landscape=»10″ height_on_mob=»10″][dt_portfolio_carousel dis_posts_total=»» posts_offset=»0″ content_alignment=»center» image_sizing=»proportional» image_border_radius=»3px» image_scale_animation_on_hover=»disabled» image_hover_bg_color=»disabled» slides_on_wide_desk=»3″ item_space=»20″ link_lead=»follow_link» post_date=»n» post_category=»n» post_author=»n» post_comments=»n» post_content=»off» read_more_button=»off» show_link=»n» show_zoom=»n» show_details=»n» project_icon_border_width=»0px» project_icon_color=»#ffffff» project_icon_color_hover=»#ffffff» arrow_bg_width=»36x» arrow_border_width=»0px» r_arrow_icon_paddings=»0px 0px 0px 0px» r_arrow_v_offset=»0px» l_arrow_icon_paddings=»0px 0px 0px 0px» l_arrow_v_offset=»0px» category=»1286, 2160″][vc_separator border_width=»2″][/vc_column][/vc_row]

Leave A Comment